
Hacer el mejor espumante del mundo, fue la premisa del monje Pierre Pérignon, aquella tarde de 1668, en la Abadía de Hautvillers, al norte del río Marne, en Francia, cuando susurró aquel estoy bebiendo estrellas.
Siglos después, la magia de su frase fundacional continúa intacta. Cada paso de su producción, desde la vendimia y hasta su fermentación, se hace con una sola meta en mente: mantener viva aquella promesa de excelencia inherente a la noble botella de Dom Pérignon. Seguir leyendo »
Publicado por Malbec en Enología el 29 Enero, 2008
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