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Elaborados por el clásico procedimiento de crianza biológica bajo el “velo en flor”, durante años, en botas del mejor roble, recogidas en naves catedralicias. Su color es muy particular , algunos con ligeras tonalidades oliváceas , que en estas tierras se cruzan las raíces de la vid y el olivo .
Marcada es la sutileza de su aroma punzante y de sus infinitos matices. De aromas salinos, a levaduras y almendras amargas, se diferencian de los jerezanos por ser algo menos secos en boca. Pálido, seco, ligeramente amargoso y de transparente color pajizo, con reminiscencias de topacio y verdoso en los tipos más delicados. Es el prototipo de los vinos de Montilla-Moriles y el más popular a la hora del copeo. No se podía esperar menos de un vino proveniente de tan noble cuna y de tan singular estilo de crianza. Muy indicado en el aperitivo y para acompañar todo tipo de carnes y mariscos. Imprescindible en la buena mesa Envía a Facebook / Envía a Twitter |





