Los prebioticos

Los prebioticos En términos generales son sustancias que brindan cualidades nutricionales y aportan beneficios adicionales para la salud. Se basan en el cuidado de la salud intestinal, la cual depende, en gran medida, de factores dietéticos. Se encuentran, por ejemplo, en la cebolla, puerro, espárrago, alcachofas, raíz de achicoria, tomates, plátanos, trigo, etc. En dosis adecuadas y siendo constantes pueden resultar provechosas.


¿Qué son?

Los prebióticos, sustancias no digeridas por el organismo, sirven de alimento para grupos específicos de bacterias que están en el intestino. Por lo tanto, se puede conseguir que las bacterias que nos interesan aumenten su crecimiento, mientras que las que no son tan beneficiosas disminuyan.


Se tratan a su vez de alimentos funcionales, lo que significa que se destacan por sus cualidades nutricionales, además de aportar beneficios adicionales para la salud.


En ocasiones las personas los confunden con los probióticos. Mientras los prebióticos sirven de alimento para las bacterias, favoreciendo la reproducción de las que son más beneficiosas, éstos son productos con bacterias vivas que ejercen un efecto fructuoso sobre el organismo. Algunas ayudan a digerir la lactosa, mientras que otras estimulan el sistema inmune o tienen efectos antiinflamatorios.


En la actualidad, los únicos alimentos probióticos que hay en el mercado son: los yogures, otras leches fermentadas (productos similares en aspecto al yogur, pero fermentados con otro tipo de bacterias como Bifidobacterias, Lactobacillus casei imunitass, etc.) y bebidas que contienen, además de zumo, leche fermentada y cultivos de bacterias.


Volviendo a los prebióticos, existen dos que son los más estudiados: los fructo-oligosacáridos o FOS conocidos como oligofructosa e inulina.


Por lo general están presentes en vegetales como ajo, cebolla, puerro, espárrago, alcachofas, raíz de achicoria, tomates, plátanos, trigo, duraznos, etc. Se estima que la población general consume de FOS una cantidad de unos 800 miligramos al día, cuando los expertos recomiendan ingerir entre 2 y 6 gramos.


Por lo tanto, lo ideal es, además de consumir los citados alimentos, tomar productos que incorporan FOS, eso sí, en casos concretos. Los más representativos que se comercializan son algunos preparados lácteos, bebidas, galletas y panes.


Cuando se comen alimentos ricos en prebióticos, estas sustancias se fermentan a nivel del colon o intestino grueso, produciendo ácidos grasos de cadena corta que le sirven a las células del intestino grueso (colonocitos) para mantenerse saludable.


Sus múltiples beneficios

En el intestino se produce la mayor parte de la digestión de los alimentos y la absorción de los nutrientes. Pero si la misma no es completa, si la facilidad de paso de sustancias desde el intestino a la sangre es excesiva o su población microbiana está alterada, se corre el riesgo de que sustancias no deseables se incorporen al organismo.


Las consecuencias, muy diversas, pueden ser: inflamación, gases, diarreas, infecciones, e incluso alergias e intolerancias. En este contexto surgen los prebióticos, que se basan en el cuidado de la salud intestinal, la cual depende, en gran medida, de factores dietéticos.


El consumo de estos productos puede ayudar a regenerar la flora intestinal, prevenir las infecciones y el desarrollo de enfermedades graves, como el cáncer de colon o la colitis ulcerosa.


En el caso de que haya estreñimiento y exceso de gases, tanto las bacterias lácticas como los FOS favorecen el equilibrio de la flora intestinal, por lo que mejoran el tránsito y la hinchazón asociada a exceso de gases. Cuando existe riesgo cardiovascular y diabetes, los FOS comparten las propiedades clásicas de la fibra, por lo que, además de regular el tránsito, contribuyen a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos, así como a controlar la glucemia.


No obstante, los beneficios de estas sustancias no sólo se limitan a la salud gastrointestinal. Varios estudios han demostrado que los prebióticos facilitan la absorción del calcio y otros minerales, como el magnesio y el hierro, por lo que podría mejorar la densidad ósea y prevenir la osteoporosis.


Además, según explican los especialistas, mejoran el perfil lipídico, favoreciendo su metabolización en el hígado. Por lo tanto, sumar estas sustancias a la dieta diaria, ayuda a mantener una flora intestinal y vaginal balanceada y saludable, disminuyendo la susceptibilidad de sufrir infecciones del estómago, intestino.


Asimismo, resultan vitales en aquellas personas que están recibiendo tratamiento médico con antibióticos, ya que reponen la flora intestinal y vaginal destruida por éstos, previniendo así la aparición de diarrea.


Los prebióticos tienen otros numerosos efectos beneficiosos para la salud, además de los ya descritos, y por ejemplo, contribuyen a regular los niveles de glicemia o azúcar en sangre, favorecen la producción de vitamina B12 en el colon, entre otras ventajas.


Se puede afirmar que son productos que, en dosis adecuadas, pueden resultar beneficiosos para algunas situaciones. En todos los casos ya explicados, conviene tener en cuenta que para conseguir un beneficio hay que ser constantes.

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