El té, elixir de la inmortalidad

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“El té no es sólo el antídoto de la somnolencia”, decía el poeta chino Lu-Yu hace 13 siglos. “Es también un medio de ayudar al hombre a volver a sus raíces”.

Aunque Marco Polo menciona el té y las casas de té chinas, Occidente no le prestó atención hasta comienzos del siglo XVII, cuando irrumpió en Europa como bebida divina y aristocratizante.

Algo de eso hay. Las grandes ciudades europeas y americanas tienen casas especializadas en mezclas de tés. Verdes y negros, especiados aromatizados con flores, de diversos orígenes. Es el caso de la casa Mariage Frères, una maison que existe desde 1854, con varios locales en barrios exclusivos parisinos.

Piense que el té es como el vino, cada terroir le da una identidad precisa . El suelo, la altura, el clima. Y tiene cosechas que pueden variar de un año a otro. Y formas de ser degustado y transmitido ¿se imagina vino en bolsista?¿ O instantáneo, como el café?.

Aunque las hojas de té parezcan marrones, hay que distinguir dos variedades, negro y verde. Según que hayan sido sometida o no a fermentación.

El té verde que procede casi exclusivamente de China cuenta con el favor de los japoneses y los árabes (el Corán prohíbe toda bebida fermentada). Ni los japoneses ni los chinos endulzan el té, pero los árabes lo hacen casi empalagoso por la cantidad de azúcar.



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Publicado por Malbec en Curiosidades, Noticias el 2 Enero, 2008

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